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Uso y abuso de los dispositivos celulares – Parte III

Juan José ingresó a una Institución Educativa de la Ciudad de México, donde habría de cursar el Nivel Bachillerato o Preparatoria como se suele conocer mejor. Cómo varios de los chicos de su edad, tenía su círculo cercano de amigos y el apoyo total de su familia, conformada por Papá, Mamá y una hermana, quién siempre había destacado en sus estudios. Contrariamente, a él siempre se le dificultó la Escuela Secundaria, principalmente porque la idea de hacer trabajos y tareas, nunca fue particularmente de su agrado y eso de estudiar para los exámenes, mucho menos. Además, debido a que sus padres trabajaban todo el día, nunca había manera de que revisaran si cumplía o no con las actividades que le correspondían; simplemente hacía lo necesario para “pasar” sus materias y casi estuvo a punto de no obtener su certificado.
Socialmente hacía lo que podía, a pesar de contar con amistades, podría decirse que era de esos chicos que le gustaba hacer y decir cosas con las que provocaba que los demás lo molestaran y buscaran “cobrar venganza” permanentemente. Esto a él no le molestaba, es más, parecía agradarle burlarse de sus compañeros, ponerles apodos, jugarles bromas pesadas porque curiosamente, parecía que esta era la forma en la que él obtenía cierta forma de reconocimiento, sin embargo, difícilmente lo tomaban en serio y era continuamente objeto de burlas, casi siempre, justificadas por su propia forma de comportarse.
No tuvo muchas alternativas al elegir su Preparatoria ya que como su promedio era muy bajo, tuvo que conformarse con opciones, digamos de no muy complicado acceso. A los pocos meses, ya se había rodeado de una buena cantidad de amigos, entre los que conocía con antelación y los que fue adquiriendo en el día a día. Cómo muchos de los chicos de su edad, creó algunos grupos de WhatsApp en los que incluyó a muchos de sus nuevos conocidos, de acuerdo a los “intereses” en común.
Poco tiempo después, en una zona cercana a la escuela que asistía, comenzaron a darse peleas entre chicos de varios colegios, que se daban cita siempre el mismo lugar, como si ya todos los involucrados conocieran el punto de reunión. Lo que nadie imaginaba y que comenzó a ser de conocimiento generalizado en las escuelas inmediatas a esa zona, es que en muchas de estas peleas el protagonista principal era él mismo o en otras ocasiones, era él quién se encargaba de organizar los retos de otros chicos para que acudieran a pelearse, la mayoría de las ocasiones, bajo argumentos absurdos e injustificables.
El chico introvertido de la Secundaria, se había convertido ni más ni menos en el líder o al menos el creador de al menos un par de grupos de WhatsApp, cuya finalidad principal era la de retar a jóvenes de distintas escuelas solo para pelear y en otras ocasiones, “invitar” a asistir a “fiestas” para provocar peleas grupales en dichos lugares.

Gracias a una serie de videos y mensajes de voz, fue posible detectar que era Juan José, uno de los muchos chicos que hoy en día se dedican a esta “actividad” en muchas de las Instituciones Educativas de la Ciudad de México y al ser perfectamente identificable, se logró establecer comunicación con sus padres. Por supuesto la reacción inmediata fue de negación total, ya que como padres resulta muy complicado aceptar que en muchas ocasiones, los hijos no son necesariamente lo que se cree o se conducen en sus “tiempos libres” de una manera muy distinta a lo que sería deseable, quedando expuestos a situaciones de alto riesgo, que pueden salir fácilmente de su control.
Muchos padres de familia se muestran renuentes y hasta temerosos para indagar los perfiles y contenidos de las redes sociales a las que pertenecen sus hijos(as), pero si no se establecen a tiempo controles específicos y no se realizan las revisiones periódicas oportunas, sin saberlo, cada vez es más fácil incurrir en delitos o quedar involucrados en situaciones graves, incluso de carácter legal y aun siendo menores de edad.
Son cada vez más los jóvenes entre 12 y 15 años de edad, que cursan la Educación Secundaria, que dedican gran parte de su tiempo al “ocio” al terminar su jornada escolar. No se les establecen horarios claros de llegada, pasan mucho tiempo solos o sin actividades lúdicas o deportivas que realizar y tampoco les son asignadas responsabilidades por cumplir en casa y si a esto se agrega que pasan este mismo tiempo en compañía de otros de su misma edad, es más probable todavía que se presten a participar en situaciones como las que se han descrito anteriormente.
Dentro de los “usos” que los chicos dan a sus celulares, uno de los que más se ha extendido es la grabación de peleas en video o la creación y participación en grupos de redes sociales para “difundir” este tipo de prácticas, las cuáles una vez rastreadas ante la presencia de una denuncia, pueden generar graves dificultades en los núcleos familiares, cuando se trata de atender las implicaciones de la participación de los(as) hijos(as) en estas actividades.
Las redes sociales y el abuso de los dispositivos celulares están fuera de control y si lo que se busca es proteger a los jóvenes que viven su etapa más vulnerable, es necesario poner todos nuestros sentidos en juego para vigilar más de cerca y más continuamente, la actividad que llevan a cabo a través de las distintas plataformas de internet y sobre todo, contar con la suficiente apertura para poder orientar y ayudar a nuestros hijos(as), para que administren su tiempo de manera más eficiente y en actividades que a ellos les puedan resultar más provechosas y menos dañinas para su futuro.

2018-07-24T16:35:30+00:0024 abril, 2018|Abril 2018, Escuela para Padres, Revista Inspira|