/, Escuela para Padres, Revista Inspira/Uso y abuso de los celulares – Parte II

Mucho se menciona a través de diversos medios y de manera continua, acerca de los peligros que conlleva para cualquier usuario, publicar (con el consentimiento implícito) todo tipo de información e imágenes a través de las redes sociales; sin embargo, lejos de disminuir, es una práctica que va en aumento, sobre todo en el mundo de los adolescentes, extendiéndose ahora exponencialmente también al entorno de los padres de familia, quienes, casi sin darse cuenta, han caído inmersos en las mismas dinámicas de crear y/o pertenecer a distintas redes, grupos de “chat”, etc.

¿Por qué los chicos continúan con estas prácticas, aun cuando saben los riesgos que representan? Una explicación podría encontrarse en que la sociedad “moderna” se desarrolla en un especie de ambiente “Big Brother” globalizado, en el que tanto ellos como los adultos sienten la necesidad de subir en imágenes y  a cada instante, los lugares que visitan, la ropa que usan, los conciertos a los que asisten, los alimentos que consumen, los “retos” que son capaces de cumplir, etc. Todo esto, en espera ni más ni menos, de satisfacer una necesidad básica humana…la aceptación social.

Hoy pareciera que si un chico no acumula los suficientes “likes”, comentarios positivos o mensajes durante el día, resulta casi como si no existiera y si a esto añadimos las distintas estructuras familiares en las que padres e hijos no conviven o no se encuentran durante prácticamente toda la jornada y en algunos casos, es solo en las noches al llegar todos a casa cuando se da el único punto de convergencia, la necesidad de pertenencia en los chicos aumenta considerablemente, siendo su principal fuente…los amigos. Adicional a esto, también el noviazgo juega un papel determinante en esta etapa y los efectos son aún más notorios cuando el adolescente no tiene bien cimentada su autoestima.

Pensemos en una alumna de secundaria que experimenta por primera vez un noviazgo. El vínculo que genera llega a ser tan grande que le dificulta ver objetivamente todos los aspectos (sobre todo los negativos) que puede tener su pareja y muchas veces, es a través del chantaje o condicionamiento que se ve “obligada” a ceder ante diversas peticiones. Una de ellas, sobre todo por ser una de las “modas” o retos actuales más recurrentes, es el envío de imágenes en ropa interior o incluso de desnudos parciales o totales, aplicable tanto a los varones como a las niñas. En el mundo adolescente, la expresión “mándame tu pack” implica el envío de este tipo de imágenes y esto es lo que conocemos como “sexting” (sex-texting).

Las consecuencias graves en las que puede derivar, siempre van en dos direcciones. La primera es que si se llega a dar una ruptura en el noviazgo en términos no amistosos, estás imágenes que pertenecían solo a los involucrados, se vuelven de dominio público, quedando sin posibilidad de control y la segunda, es la amenaza generada por cualquiera de los involucrados, de publicar dichas imágenes, obligando al otro a no terminar la relación o ceder ante otro tipo de acciones, que pueden terminar en múltiples casos, en un delito.

Ningún adolescente (hombre o mujer) va a comentar con sus padres que se tomó fotos desnudo(a) y las envió a su novia(o). Esto es lo que muchas veces dificulta la intervención oportuna para poder frenar la ola de acontecimientos negativos por las que deben pasar tanto los involucrados como sus familias. Lamentablemente son precisamente los padres los últimos en enterarse de estas prácticas de sus hijos(as) e incluso la reacción más generalizada es ya sea la negación o la reacción natural de pretender eximir a su propio hijo o hija de su responsabilidad al haber incurrido en estos envíos de imágenes. Siempre son los chicos finalmente quienes deciden presionar la opción “enviar” en sus mensajes de texto.

En México, la pornografía no es considerada un delito pero esto es solo hasta el momento en que no hay intervención (en cualquier forma) de un menor de edad. En este sentido, todo cambia radicalmente y se convierte en uno de los delitos más graves y más penados por la ley. La Policía Cibernética de la Ciudad de México, realiza monitoreo tanto en redes sociales como grupos de “Whats App” en los que de manera continua y reiterada se realizan recepciones y envíos de imágenes que puedan considerarse pornografía infantil (que es el caso del “sexting”), así como videos con la misma temática o que inciten a la violencia en cualquier forma, lo cual será tratado en la tercera y última entrega de esta serie.

Una vez más, si nuestros hijos(as) se niegan a que sus dispositivos móviles o computadoras sean revisados ocasionalmente o se muestran inquietos ante el simple planteamiento de esta medida, invariablemente implica que están ocultando algo y si, en ocasiones somos nosotros como padres quienes parecemos tener miedo de llevar a cabo estas acciones porque no queremos encontrarnos nada que nos haga cambiar la percepción que tenemos acerca de ellos. Aquí, tendremos que decidir si deseamos realmente protegerlos incluso aunque en primera instancia, esto nos genere otro tipo de conflictos en nuestro núcleo familiar.

 

Prof. Armando González

Coordinador de Secundaria

2018-07-24T16:35:37+00:0028 enero, 2018|Enero 2018, Escuela para Padres, Revista Inspira|