Ser padre implica preparar a nuestros hijos para que sean autosuficientes y autónomos en la vida. Un niño al que no se le ponen límites, es un niño incapacitado por sus propios padres para adaptarse a una sociedad que demanda reglas y normas.

Un niño que es expulsado una y otra vez de diferentes escuelas por indisciplina, es un niño que sufre, en todo caso ¿en dónde estaban sus padres para ponerle límites y evitarle dicho malestar?
Lo ves? Los límites son una forma muy importante de amor.

No olvides lo siguiente a la hora de poner manos a la obra:
• Los niños necesitan saber que existe una autoridad, ¡no eres su amigo! ¡eres su padre! por tal necesitas ser una figura firme a la hora de poner límites.
• Comienza desde temprana edad, eso hará las cosas más sencillas en el futuro.
• Como padres es fácil perder la cabeza. No olvides que existe una línea muy delgada entre poner disciplina y desquitarte con tu hijo. Por ello siempre escucha lo que tu hijo desea decirte y hazle saber que lo tomarás en consideración.
• ¡Sé claro! acerca del por qué debes decirle que no a tu hijo en esa ocasión.
• ¡Sé objetivo!, en ocasiones los padres aprovechan una única ocasión para reprochar a sus hijos su travesuras o errores de hace mil años.
• ¡Sé constante!, esto implica que si el día de hoy debes disciplinarlo por X razón, el día de mañana, y aún dentro de un año seguirás disciplinándolo por eso mismo. Esto brinda seguridad en la mente del niño al sentir que conoce con suficiente claridad lo que puede y no puede hacer y el cuando deberá asumir las consecuencias de sus actos.
• ¡No grites! No es necesario para trasmitir seguridad en lo que dices.
• No exageres poniendo castigos que al final sabes que no vas a cumplir. “No vas a salir en dos meses” ello vuelve más difícil la comprensión de límites y a la larga, los vuelve resistentes al castigo.